domingo, 13 de junio de 2010

Juguemos a la Ronda




Por: Dardo López-Dolz Madueño


El Ejercito anuncio hace pocos días la reactivación y entrega de escopetas a las rondas campesinas en Jauja. La sencilla lógica tras esta decisión castrense constituye un craso error.

En los noventas, las rondas campesinas y los comités de autodefensa, dotados de escopetas de bomba constituyeron pieza importante de la estrategia para detener el avance del terror.

Pero el Ejército no fue el único que prestó atención a esta milicia como herramienta de poder en aquellas zonas del país donde el Poder estatal está ausente.

Patria Roja y otras organizaciones marxistas, diseñaron y empezaron a aplicar una exitosa estrategia, para hacerse del control de rondas y comités, convirtiéndolos en organizaciones paramilitares al servicio de sus intereses económicos y políticos, generadoras de inteligencia para sus fines, que no vacilan en el uso abusivo de la fuerza, arrinconando a las autoridades elegidas, obligadas a ceder a sus presiones por temor,

Esta milicia, en Cajamarca (Pulan, Santa Cruz) y otras zonas, es usada como arma principal de coacción o extorsión contra la actividad minera formal además de ser pieza crucial de cualquier bloqueo de carreteras en las serranías, no dudando en usar esas mismas armas para enfrentar a la Policía.

Rearmar las rondas en el bastión de Pukallacta es un error producto de un simplismo pueril inadmisible que debe corregirse de inmediato.

Como antes, desde estas líneas reclamo la necesaria adecuación del planeamiento estratégico castrense a la naturaleza siempre cambiante, de las amenazas contemporáneas reales contra nuestra libertad, nuestra democracia y la seguridad nacional.

Si su número y la naturaleza de su preparación y funciones hace impráctico pensar en bases policiales y doblemente complicado desde la perspectiva legal, encargarlo a las fuerzas armadas, habría que ir pensando en diseñar una suerte de guardia nacional o gendarmería, a la cual podría encargarse esa función. Esta podría asumir adicionalmente las funciones que hoy cumple la DIROES, evitando así esa ilusa dualidad que le exige ser amable policía de calle y endurecido combatiente eficaz, no se juega basket con un equipo de futbolistas.

Entretanto, si pese al riesgo enunciado, se considera indispensables las rondas, habría que rediseñar la participación de esas milicias civiles, poniéndolas bajo el mando directo de personal de las fuerzas del orden, una suerte de “alguaciles del viejo oeste” o una variante de servicio militar a medio tiempo que los sujete, durante su periodo de servicio, a la justicia militar.

Ampliaríamos así la cobertura del cojo sistema de inteligencia, detectando temprano brotes antidemocráticos, minimizando el riesgo enunciado líneas arriba.